Sydney se viste de Frank Gehry

Buenas!

Voy a abrir el blog hablando de arquitectura, en lo que es oficialmente mi primer post. Y cómo no, de uno de los grandes que tenemos hoy en día: Frank Gehry.

Como ya se ha visto en las noticias, acaba de inaugurar un nuevo edificio en Sydney, la Universidad Tecnológica de Sydney, y completa un total de 17 edificios que llevan su firma.

Éste arquitecto canadiense, experto del deconstructivismo, ha deleitado al mundo entero con un abanico de edificios que evocan el movimiento, en la estática que intrínsecamente lleva un edificio… aunque no siempre fue así. Un buen ejemplo es el Loyola Law School (1984, Los Ángeles) donde destaca su fachada amarilla, que no evoca precisamente a la sobriedad, pero tampoco al estilo al que estamos acostumbrados.

Loyola Law School, Los Ángeles

Sin embargo, su desarrollo va tomando forma con los años,  y  conforme van apareciendo adelantos en softwares informáticos, éstos van ayudando a imaginar a Gehry sus intenciones. Se puede observar cómo en la Residencia Schnabel (1989, Brentwood) la expresión empieza a tomar forma jugando con los volúmenes, huecos y luces que éstos generan, propiciando un entorno único. Además podemos apreciar ya del empleo de otros materiales diferentes en la cubrición de las envolventes del edificio.

Pero no es hasta los años 90 donde aparece su máxima expresión; en concreto 1990, 1992 y 1993 donde aparecen sobre las ciudades de París, Barcelona y  Minneapolis tres edificios que cambiarán por completo la idea de lo que, hasta entonces era a mi modo de ver, la arquitectura como la conocemos todos. Gehry desarrolla en éstos años su arte para terminar a finales de década realizando el Museo Guggenheim de Bilbao en 1997. No siendo a mi modo de ver el mejor museo de los Guggenheim; es sin embargo la máxima expresión del estilo de Gehry, consiguiendo realizar un cambio de sentido en la ciudad de Bilbao y convirtiéndolo en el eje de un importante plan de desarrollo urbanístico que ha mejorado sin lugar a dudas la Gran Villa. Utilizando software informáticos estructurales, y una envolvente de titánio que predomina en sus alzados, se convierte en uno de los edificios más pintorescos de todo el mundo.

A partir de aquí surgirán encargos uno detrás de otro, para repartir sus joyas arquitectónicas por todo el mundo. Incluso, en el año 2010, podíamos ver su firma en el único rascacielos a su nombre en Nueva York, el 8 Spruce Street de 264 metros de altura y 76 plantas.

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